La Corona de la Virgen del Pilar. Orfebrería religiosa

La Corona de la Virgen del Pilar. Orfebrería religiosa

El encargo de realizar la corona de la Virgen del Pilar, se lleva a cabo en 1905, con muy poco tiempo. Consistía en la realización de dos coronas: una pequeña para el Niño y la grande para la Virgen; el halo y el resplandor, realizadas en oro amarillo de 18kts y plata. Las piezas iban cuajadas por joyas donadas por la Junta de Dama a nivel nacional. Dichas joyas fueron desmontadas por el taller y en tan sólo 44 días, con 33 orfebres se realizaron las piezas requeridas, dichos operarios fueron distinguidos con un carnet especial en prueba de su gran trabajo. Las piezas se expusieron el 16 de abril de 1905 en el Palacio Episcopal de Madrid y el 29 de ese mes fue bendecida por el papa Pío X en Roma; la coronación se realizó el 20 en la Basílica del Pilar de Zaragoza, pero los actos culminaron el 22 de dicho mes. Entre las donaciones estaba el diamante de la Reina María Cristina, el de la Marquesa de Rafol, la perla de la Condesa de Orgaz y la perla perilla de la Marquesa de Almanzor; pero también se donaron petacas, monturas de gafas, puños de bastón, vasos, cubiertos, cadenas… todo se fundió para la realización de la corona y del halo. Los dibujos preparatorios fueron realizados por un jovencísimo Ramiro García Ansorena, a la edad de 18 años, que diseñó el halo inspirándose en los motivos de forja de los balcones de los edificios cercanos al taller que tenía Ansorena en la calle Espoz y Mina, de Madrid. Para las dos coronas se emplearon en total: 3383 diamantes talla antigua y 5925 diamantes, talla rosa, 157 perlas, 90 esmeraldas, 78 rubíes y 46 zafiros. Sin embargo, el sobre halo de diferentes alturas realizado en oro amarillo de 18kts, con un peso de 18kilos, estaba engarzado por 47 diamantes, talla brillante y 2311 diamantes talla rosa, 137 perlas, 1097 perlas aljofares, 83 esmeraldas, 63 rubíes, 57 zafiros, 95 granates, 120 amatistas, 87 topacios, 44 turquesas y 14 corales, también se añadieron joyas que no se desmontaron; a destacar la magnífica “joya de pecho” colocada en la cima del halo circa 1700 o los aderezos de coral italiano del s. XIX. A raíz de esta extraordinaria pieza, Ansorena tuvo muchos encargos para coronaciones canónicas de Vírgenes patronas, mobiliario litúrgico y clientela diversa, no relacionada con el estrecho círculo de la corte.